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Los arquitectos de la nueva economía cognitiva: Nvidia y OpenAI.

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La economía global está experimentando una mutación silenciosa pero irreversible. Durante más de un siglo, la riqueza se construyó sobre la extracción de recursos físicos: petróleo, gas, minerales, alimentos. Hoy, el nuevo recurso que concentra el poder económico ya no se extrae del subsuelo, sino de los centros de datos. Su nombre es poder computacional, y su refinamiento toma la forma de inteligencia artificial.

En el corazón de esta transformación se encuentran dos protagonistas que, sin proponérselo al principio, se convirtieron en los arquitectos de la nueva economía cognitiva: Nvidia y OpenAI. Una produce el músculo, la otra el cerebro. Y entre ambas han tejido una red de dependencia mutua que ya no solo define el rumbo de la tecnología, sino también las estructuras de poder de la próxima década.

Nvidia es, hoy, el equivalente digital de una refinería global. Sus chips gráficos, diseñados originalmente para videojuegos, se convirtieron en el motor físico que hace posible la inteligencia artificial moderna. Sin sus GPU, los modelos de lenguaje, los sistemas de visión autónoma o los agentes inteligentes simplemente no pueden existir. En cuestión de pocos años, la empresa pasó de ser un proveedor de hardware a ser un pilar de infraestructura planetaria. Cada modelo que se entrena, cada asistente que responde, cada servicio de IA que se lanza, depende de su tecnología. Y esa dependencia ha llevado su capitalización bursátil por encima de los 4,5 billones de dólares, superando incluso a Apple o Amazon.

Del otro lado del eje se encuentra OpenAI, la mente que consume el mundo. Sus modelos —GPT, DALL·E, Sora y los que vendrán— no solo lideran la revolución de la inteligencia artificial generativa, sino que además han creado una demanda infinita de cómputo. Cada nueva versión de GPT requiere más chips, más servidores, más energía. OpenAI se ha convertido, sin exagerar, en el mayor consumidor de infraestructura digital del planeta. Su crecimiento impulsa toda la cadena de suministro: chips, centros de datos, energía eléctrica y servicios cloud.

Esa dinámica ha generado un fenómeno que trasciende lo técnico y se instala en lo económico. Nvidia necesita que OpenAI siga creciendo, porque sus modelos son los principales devoradores de GPU. Y OpenAI necesita que Nvidia continúe expandiendo su capacidad de producción, porque sin sus chips, la compañía no puede avanzar un solo paso. Por eso Nvidia acordó invertir hasta 100 mil millones de dólares en OpenAI. No es una apuesta, es una forma de cerrar el círculo. El proveedor se convierte en socio estratégico, y el hardware se fusiona con el software en una alianza que redefine el capitalismo tecnológico contemporáneo.

En este tablero, los gigantes de la nube ocupan un papel central. Microsoft y Oracle no solo proveen infraestructura, sino que se han convertido en los brazos logísticos del nuevo imperio digital. Microsoft fue el primero en entenderlo: invirtió miles de millones en OpenAI, integró sus modelos en Copilot y Azure, y convirtió su ecosistema en una fábrica de inteligencia aplicada. Cada consulta a ChatGPT, cada documento procesado por Copilot, refuerza el dominio de Azure y, por extensión, la posición de Microsoft como principal intermediario entre la IA y el mundo corporativo.

Oracle, por su parte, decidió jugar una carta distinta pero igual de estratégica. Selló con OpenAI un acuerdo de 300 mil millones de dólares para proveer servicios cloud, y para cumplirlo compró decenas de miles de millones en chips Nvidia. De ese modo, se integró al mismo circuito de retroalimentación económica que sostiene a todo el sistema: Nvidia vende chips a Oracle, Oracle los usa para alojar los modelos de OpenAI, y OpenAI genera más demanda de cómputo que impulsa nuevas ventas de Nvidia. El ciclo se repite, ampliando su escala cada trimestre.

La concentración de poder en este eje Nvidia–OpenAI–Microsoft–Oracle preocupa a algunos analistas, que ven en ella el nacimiento de una nueva forma de dependencia estructural. Sin embargo, también abre oportunidades a otros actores que buscan introducir competencia. AMD, por ejemplo, firmó con OpenAI un plan para desplegar entre seis y ocho gigavatios de GPUs, y le ofreció una opción para comprar hasta 160 millones de acciones. Es una maniobra que busca diversificar el suministro y reducir la dependencia de Nvidia, mientras AMD obtiene legitimidad como alternativa. Intel intenta seguir el mismo camino, apostando a nuevos chips especializados para IA, aunque todavía sin el impacto esperado.

A su alrededor orbitan decenas de startups —xAI, Mistral, CoreWeave, Figure AI, Nebius— que intentan capturar parte de este valor creciente. Todas ellas dependen, de una u otra forma, del mismo circuito de capital e infraestructura: sin acceso a GPUs y nubes, ninguna puede escalar. La innovación florece en los bordes, pero el poder permanece concentrado en el centro.

Desde una perspectiva macroeconómica, este sistema puede describirse como un círculo de retroalimentación casi perfecto. Nvidia fabrica los chips. Microsoft y Oracle los compran para construir nubes. OpenAI usa esas nubes para entrenar modelos. Los modelos generan más demanda, y Nvidia invierte nuevamente en los desarrolladores para mantener viva la rueda. Cada flecha representa miles de millones en inversión cruzada. Es un ecosistema donde la cooperación y la competencia se confunden, y donde la interdependencia estratégica reemplaza al libre mercado.

Algunos economistas ya lo llaman el nuevo “complejo industrial de la inteligencia”. Así como el siglo XX tuvo su complejo militar-industrial, el siglo XXI ha creado su equivalente cognitivo. No produce armas ni petróleo: produce inteligencia. Capital, datos y energía se combinan para generar conocimiento automatizado, y quienes controlan los nodos centrales de esa red —hardware, nube y modelos— están construyendo las bases de un poder sin precedentes.

El diagrama que circula entre analistas e inversores no es solo un mapa de empresas; es un plano del futuro económico global. En esta nueva era, los chips son la materia prima, los modelos son el producto refinado y la inteligencia artificial es el mercado. Cada conexión entre estos actores define quién controlará la infraestructura del pensamiento digital. Ya no se trata de competir por el mejor producto, sino por cerrar el círculo completo: hardware, nube, modelo y capital.

El juego ha cambiado. La nueva economía ya no se mide en barriles, ni en bytes. Se mide en tokens, gigavatios y parámetros. Quien domine ese triángulo —cómputo, inteligencia y energía— no solo controlará el mercado tecnológico, sino también el pulso de la civilización digital que está naciendo.

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Convergencia entre el mundo Blockchain y el financiero: Nota I

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La convergencia entre los mercados financieros tradicionales y la tecnología blockchain representa uno de los cambios más profundos y transformadores que está experimentando el sistema financiero global en la actualidad. La imagen del iceberg que ilustra este análisis lo resume perfectamente: los criptoactivos —como Bitcoin o las altcoins especulativas— son solo la punta visible, la capa más volátil y mediática. Debajo de la superficie se encuentra el verdadero volumen: los Real World Assets (RWA), o activos del mundo real tokenizados, que están trasladando progresivamente bonos, acciones, fondos, bienes raíces y otros instrumentos tradicionales a una infraestructura blockchain más eficiente, programable y accesible a escala global.

Esta convergencia no se trata de reemplazar los mercados financieros tradicionales, sino de potenciarlos. La tokenización permite representar activos del mundo real como tokens digitales en blockchain, lo que habilita características que el sistema financiero clásico no ofrece de forma nativa:

  • Liquidación atómica y casi instantánea (T+0 en lugar de T+2 o más).
  • Acceso 24/7 sin intermediarios geográficos restrictivos.
  • Fraccionamiento extremo de la propiedad, democratizando inversiones antes reservadas a grandes instituciones.
  • Programabilidad mediante smart contracts, que automatizan pagos de dividendos, cupones o cumplimiento de condiciones.
  • Mayor transparencia y trazabilidad inmutable.

En la base del iceberg aparecen los stablecoins, que funcionan como el ancla de liquidez y puente principal entre el mundo fiat y el on-chain. Sobre ellos se apilan capas cada vez más sofisticadas: tokenized treasuries (deuda pública tokenizada, liderada por bonos del Tesoro de EE.UU.), tokenized commodities (como oro o petróleo digitalizado), tokenized funds (fondos de inversión y ETFs en blockchain), tokenized corporate debt (deuda corporativa), tokenized equities (acciones tokenizadas), tokenized derivatives (derivados), tokenized private credit (crédito privado), tokenized real estate (bienes raíces), tokenized insurance (seguros) y hasta tokenized infrastructure (infraestructura productiva).

En enero de 2026, el mercado de RWAs tokenizados (excluyendo stablecoins) ya supera los 20-36 mil millones de dólares en valor distribuido on-chain, según datos de plataformas como RWA.xyz, con un crecimiento explosivo durante 2025 (más del 260-300% en varios segmentos). Los tokenized U.S. Treasuries dominan con alrededor de 9-10 mil millones de dólares, seguidos por private credit y commodities. Proyecciones para fin de 2026 apuntan a superar los 100 mil millones de dólares en TVL (valor total bloqueado), con estimaciones más ambiciosas que hablan de 400 mil millones de dólares en activos tokenizados para ese año, impulsadas por iniciativas como el lanzamiento de exchanges tokenizados 24/7 por parte de la NYSE y la entrada masiva de instituciones tradicionales.

Esta convergencia está siendo acelerada por varios factores clave:

  • Claridad regulatoria en jurisdicciones líderes (EE.UU. con avances en stablecoins y tokenización, Europa con MiCA, y otros mercados emergentes).
  • Participación institucional: gigantes como BlackRock (con fondos como BUIDL), Franklin Templeton, JPMorgan, Citi y otros ya emiten o integran productos tokenizados.
  • Madurez tecnológica: blockchains como Ethereum (que concentra ~65% del mercado RWA) y nuevas redes optimizadas para activos regulados ofrecen escalabilidad, seguridad y cumplimiento.
  • Demanda de yield real: en un entorno de tasas variables, los RWAs ofrecen rendimientos tangibles (como los de Treasuries o crédito privado) combinados con la eficiencia blockchain.

El futuro de los mercados financieros no pasa por elegir entre lo tradicional y lo descentralizado, sino por su integración profunda. La convergencia está redefiniendo la eficiencia operativa, la inclusión financiera global y la innovación en productos. Los criptoactivos especulativos seguirán existiendo, pero el impacto duradero vendrá de cómo blockchain transforma los mercados financieros establecidos en un sistema más rápido, transparente y accesible para todos.

En Convergencia.tech y elfinancierodigital.com seguimos de cerca esta evolución, porque el verdadero potencial no está en la disrupción total, sino en la convergencia inteligente que une lo mejor de ambos mundos. El iceberg apenas comienza a revelarse, y 2026 promete ser un año decisivo en esta transformación.

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LEGO presenta el Smart Brick: la evolución más significativa en 50 años del icónico sistema de construcción

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LEGO ha revolucionado el mundo de los juguetes educativos con el anuncio del Smart Brick, un ladrillo inteligente que integra un ordenador completo dentro de una pieza clásica de 2×4. Presentado en el CES 2026 en Las Vegas, esta innovación representa la mayor evolución en el sistema LEGO desde la introducción de la minifigura en 1978, fusionando lo físico con lo digital para crear experiencias interactivas sin comprometer la creatividad tradicional. El Smart Brick permite que los sets respondan en tiempo real a las acciones de los niños, incorporando luces, sonidos y efectos especiales que se activan mediante sensores y redes inalámbricas.

¿Qué es el LEGO Smart Brick y sus especificaciones técnicas?

El Smart Brick es un ladrillo estándar de LEGO que alberga un ordenador diminuto basado en un ASIC personalizado (Circuito Integrado de Aplicación Específica), más pequeño que un solo stud de LEGO. Este chip incluye un procesador potente que gestiona todas las funciones inteligentes, y es actualizable mediante firmware a través de una aplicación para smartphones. Entre sus componentes clave se encuentran:

  • Sensores integrados: Incluye sensores inerciales para detectar movimiento, inclinación y gestos; sensores de luz para responder a cambios ambientales; y un micrófono que actúa como sensor de entrada (por ejemplo, soplando sobre él para simular apagar velas en un set de cumpleaños), pero sin capacidad de grabación de audio para preservar la privacidad.
  • Red de malla Bluetooth: Permite que múltiples Smart Bricks se conecten entre sí, formando una red mesh que les hace conscientes de la posición y orientación relativa de cada uno. Esto utiliza campos magnéticos, bobinas de cobre y Bluetooth para una interacción sin contacto.
  • Luces y sonidos: Incorpora LEDs para efectos luminosos y un altavoz diminuto para reproducir sonidos temáticos, como el zumbido de un sable láser o el rugido de un motor.
  • Carga inalámbrica: Se recarga mediante una base de carga que puede alimentar varios ladrillos a la vez, con una batería diseñada para durar años incluso en inactividad.
  • Compatibilidad NFC: Detecta etiquetas NFC en minifiguras y piezas especiales, activando respuestas específicas sin necesidad de cámaras o IA, diferenciándose de sistemas anteriores como LEGO Mario.

El diseño prioriza la simplicidad y la privacidad: no incluye inteligencia artificial, cámaras ni grabación de datos, enfocándose en interacciones en tiempo real que fomentan el juego físico.

¿Cómo funciona el LEGO Smart Brick?

El sistema LEGO SMART Play™ utiliza el Smart Brick como núcleo para hacer que los sets «cobren vida». Al conectar piezas con etiquetas NFC inteligentes, el ladrillo detecta interacciones y responde de manera inmersiva:

  • Interacciones temáticas: En un set de Star Wars, colocar al Emperador Palpatine en su trono activa la «Marcha Imperial»; mover un caza TIE Fighter genera sonidos de motores que cambian a explosiones si se voltea.
  • Detección de posición y movimiento: Gracias a la red mesh, los ladrillos saben su orientación relativa, permitiendo simulaciones de batallas donde las posiciones de las naves o figuras influyen en los efectos (por ejemplo, un disparo láser que «impacta» basado en la alineación).
  • Creatividad mixta: Los usuarios pueden combinar etiquetas de diferentes sets, como agregar un sonido de pato a un helicóptero, fomentando la experimentación.
  • Actualizaciones vía app: La aplicación para celulares permite actualizar el firmware, agregar nuevos sonidos o efectos, y posiblemente personalizar respuestas en futuras versiones, aunque actualmente se centra en mantenimiento básico.

Esta tecnología se basa en el Laboratorio de Juego Creativo de LEGO y ha sido probada en un set piloto de LEGO City en 2024, demostrando su robustez para el juego diario.

Los primeros sets LEGO Smart Brick: enfocados en Star Wars

Los primeros productos llegarán al mercado el 1 de marzo de 2026 y se centran en la temática de Star Wars, con escalas ligeramente mayores para acomodar la tecnología. Estos sets incluyen Smart Bricks, etiquetas NFC y minifiguras inteligentes:

  • Darth Vader’s TIE Fighter (473 piezas) – $70 USD: Incluye 1 Smart Brick, 1 etiqueta para el caza y minifigura de Darth Vader. Medidas aproximadas: 4 x 4 x 5.5 pulgadas.
  • Luke’s Red Five X-Wing (584 piezas) – $100 USD: 1 Smart Brick, 5 etiquetas y minifiguras de Luke y Leia. Incluye elementos como edificios, con medidas de 2 x 8.5 x 7.5 pulgadas.
  • Darth Vader’s Throne Room Duel & A-Wing (962 piezas) – $160 USD: 2 Smart Bricks, 3 minifiguras (Luke, Emperador Palpatine, Vader) y 5 etiquetas, permitiendo duelos interactivos con luces y sonidos.

Estos sets no son compatibles con sistemas anteriores como LEGO Mario debido a la ausencia de cámaras, pero prometen expandirse a otras líneas, con rumores de integración con Pokémon.

Privacidad y enfoque en el juego creativo

LEGO enfatiza la privacidad: el micrófono solo detecta inputs en tiempo real (como sonidos o soplidos) sin almacenar datos, y la ausencia de IA o cámaras evita preocupaciones éticas. Expertos en juego han expresado inquietudes sobre la integración tecnológica, pero LEGO asegura que el Smart Brick complementa, no reemplaza, la construcción manual, manteniendo el enfoque en la imaginación.

Hacia dónde podría evolucionar: de juguetes interactivos a robots programables con app móvil

El Smart Brick marca el inicio de una plataforma expansible, con actualizaciones continuas que podrían transformar LEGO en un sistema para crear robots básicos. Actualmente, la red mesh y los sensores permiten interacciones complejas, como vehículos que responden a movimientos o batallas posicionales, sentando las bases para evoluciones robóticas.

En el futuro, LEGO podría integrar motores y actuadores similares a los de LEGO Mindstorms (su línea robótica histórica), permitiendo builds que se muevan autónomamente. Imaginemos sets donde múltiples Smart Bricks coordinen acciones: un robot que camina detectando obstáculos vía sensores inerciales, o un vehículo que ajusta su trayectoria basado en la orientación de otros ladrillos.

La app móvil jugará un rol clave en esta evolución. Actualmente limitada a actualizaciones de firmware, podría expandirse a una interfaz de programación visual (similar a Scratch o LEGO Boost), donde usuarios diseñen comportamientos personalizados. Por ejemplo:

  • Evolución vía app: Actualizaciones que añadan IA ligera para aprendizaje adaptativo, como un robot que «aprende» rutas al repetir builds, o integra machine learning para optimizar movimientos.
  • Construcción de robots: Usando Smart Bricks como «cerebros» distribuidos, los niños podrían armar robots modulares que evolucionen: empezar con un vehículo simple y agregar módulos para funciones como brazos robóticos o sensores adicionales, todo configurable desde el celular.
  • Integración con ecosistemas: Rumores sugieren compatibilidad con apps de realidad aumentada, donde el teléfono escanea el build para simular evoluciones virtuales, o conexiones con IoT para robots que interactúen con el hogar (e.g., un robot que enciende luces reales).

Esta dirección alinearía con la historia de LEGO en robótica educativa, potenciando el aprendizaje STEM mientras mantiene la accesibilidad. Sin embargo, LEGO debe equilibrar la complejidad para no alienar a su audiencia principal.

Esta innovación no solo revitaliza los sets clásicos, sino que abre puertas a un futuro donde LEGO se convierta en una herramienta para prototipar robots reales, fomentando la innovación desde la infancia.

Fuentes:

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Hyundai y Boston Dynamics avanzan en la producción masiva del robot Atlas

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30.000 unidades anuales desde 2028, con inversiones de 21.000 millones de dólares y alianzas clave con Google DeepMind y Nvidia

Hyundai Motor Group, propietario de Boston Dynamics desde 2021, ha anunciado en CES 2026 (Las Vegas) el lanzamiento de la versión comercial y lista para producción del robot humanoide Atlas. Este modelo, completamente eléctrico y alimentado por baterías, está diseñado para entornos industriales reales, con un enfoque en colaboración humano-robot. Las proyecciones incluyen:

  • Producción y despliegue: Fabricación anual de hasta 30.000 unidades a partir de 2028 en la planta Metaplant de Hyundai en Savannah, Georgia (EE.UU.). En 2026, todas las unidades iniciales ya están comprometidas para pruebas en el Robotics Metaplant Application Center (RMAC) de Hyundai y Google DeepMind. Para 2027, se expandirá a más clientes. En 2028, Atlas iniciará operaciones en Metaplant para tareas como secuenciación de piezas (mejorando seguridad y calidad). Hacia 2030, escalará a movimientos repetitivos, cargas pesadas y operaciones complejas en fábricas globales de Hyundai, automatizando hasta el 40% de la ensamblaje vehicular en algunos casos.
  • Inversiones: Hyundai ha destinado 21.000 millones de dólares en EE.UU. para expansión, incluyendo robótica, lo que generará 14.000 empleos directos y más de 100.000 indirectos para 2028. La adquisición de Boston Dynamics costó 1.100 millones en 2021. Se aprovecha la cadena de suministro y manufactura de Hyundai para reducir costos (aunque no se revela el precio unitario de Atlas, estimado en cientos de miles de dólares, vs. 75.000 de Spot).
  • Alianzas y tecnología: Colaboración con Google DeepMind para integrar modelos de IA fundacionales (como Gemini Robotics) en Atlas, permitiendo razonamiento en tiempo real, adaptación a entornos cambiantes y aprendizaje rápido (la mayoría de tareas en un día). También con Nvidia para chips y software de IA. Estas partnerships combinan la expertise robótica de Boston Dynamics con IA avanzada, posicionando a Atlas contra competidores como Optimus de Tesla.

Atlas mide 1.9 m de alto, pesa 90 kg (con estructura ligera de aluminio y titanio), tiene 56 grados de libertad, articulaciones rotativas 360°, manos con sensores táctiles, levanta 50 kg, opera de -20°C a 40°C, es resistente al agua, tiene batería de 4 horas con auto-cambio y alcance de 2.3 m.

Aunque se enfatiza la creación de empleos, hay preocupaciones por desplazamiento laboral, similar a planes de Amazon (reemplazo de >600.000 puestos para 2033).

Fuentes citadas:

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