Un equipo internacional liderado por la Norwegian University of Science and Technology (NTNU) y el Instituto Niels Bohr de Copenhague desarrolló un método de medición que reduce de ~1 segundo a solo ~10 milisegundos el tiempo necesario para medir la relajación de qubits superconductores, permitiendo el monitoreo casi en tiempo real de uno de los fenómenos más limitantes en la computación cuántica: la decoherencia.
Publicado en Physical Review X · DOI: 10.1103/gk1b-stl3 · Abril 2026
El problema: información que desaparece sin aviso
Los computadores cuánticos tienen un talón de Aquiles que frena su desarrollo: los qubits, las unidades básicas de información cuántica, pierden sus datos con asombrosa rapidez. Este fenómeno, conocido como decoherencia, ocurre cuando el sistema cuántico interactúa con su entorno y colapsa desde su estado cuántico a uno clásico, destruyendo la información que almacenaba.
En los qubits superconductores —la arquitectura usada por laboratorios e industrias de vanguardia en todo el mundo— el problema se agrava porque la pérdida de información no es constante ni predecible. El parámetro clave que los físicos miden para cuantificar este fenómeno es el llamado T₁ o tiempo de relajación: el intervalo durante el cual el qubit conserva su estado energético antes de colapsar.
«En los qubits superconductores, el tiempo que tarda la información en desaparecer es, en promedio, razonable. Pero parece variar aleatoriamente a lo largo del tiempo», explicó el Prof. Jeroen Danon, del Departamento de Física de la NTNU, investigador principal del trabajo. «Es absolutamente necesario resolver este problema para lograr que los computadores cuánticos operen de forma más estable.»
El inconveniente de fondo era que medir ese T₁ tomaba alrededor de un segundo completo —una eternidad en la escala de la computación cuántica—, lo que impedía ver las fluctuaciones rápidas que realmente limitan el rendimiento de los procesadores cuánticos actuales.
El avance: rastreo adaptativo en tiempo casi real
El equipo publicó su solución en enero de 2026 en la revista Physical Review X, bajo el título «Real-Time Adaptive Tracking of Fluctuating Relaxation Rates in Superconducting Qubits». El nuevo método reduce el tiempo de medición de T₁ de aproximadamente 1 segundo a solo 10 milisegundos: más de 100 veces más rápido.
«Logramos hacerlo en aproximadamente 10 milisegundos, es decir, más de 100 veces más rápido. Y más o menos en tiempo real», afirmó Danon.
La clave del método es su naturaleza adaptativa: el algoritmo ajusta dinámicamente su estrategia de medición según los datos que va recibiendo en tiempo real, concentrando los recursos computacionales en los momentos más informativos. Esto permite por primera vez observar cómo varía T₁ mientras ocurre, revelando fluctuaciones rápidas que antes eran completamente invisibles para los investigadores.
Por qué importa verlo en tiempo real
La capacidad de monitorear la decoherencia en tiempo casi real no es solo un logro técnico: tiene consecuencias prácticas directas para el futuro de la computación cuántica.
Primero, en diagnóstico de errores: al correlacionar las caídas de T₁ con eventos físicos específicos —como la presencia de defectos atómicos llamados sistemas de dos niveles (TLS) cerca del qubit— es posible identificar con precisión qué está causando la inestabilidad.
Segundo, en calibración dinámica: los procesadores cuánticos actuales requieren recalibraciones frecuentes y programadas. El nuevo método abre la puerta a ajustes en tiempo real.
Tercero, y quizás más importante a largo plazo, en corrección de errores cuánticos: los esquemas de corrección deben adaptarse a la tasa de error actual del sistema. Conocer T₁ casi en directo hace posibles estrategias de corrección más eficientes.
Según los propios autores, los hallazgos cambian la manera en que deberían calibrarse y probarse los procesadores cuánticos, y permiten aprender más sobre los procesos microscópicos que hoy limitan el rendimiento de estas máquinas.
Colaboración nórdica al frente de la física cuántica
La investigación fue liderada experimentalmente desde el Instituto Niels Bohr de la Universidad de Copenhague, donde se encuentra el laboratorio de temperatura ultrabaja en el que se realizaron las pruebas. La NTNU aportó el desarrollo teórico y algorítmico, mientras que el Instituto de Tecnología Chalmers de Gotemburgo, Suecia, contribuyó con expertise en fabricación y caracterización de qubits.
La colaboración reunió a 20 investigadores de tres países:
Fabrizio Berritta, Jacob Benestad, Jan A. Krzywda, Oswin Krause, Malthe A. Marciniak, Svend Krøjer, Christopher W. Warren, Emil Hogedal, Andreas Nylander, Irshad Ahmad, Amr Osman, Janka Biznárová, Marcus Rommel, Anita Fadavi Roudsari, Jonas Bylander, Giovanna Tancredi, Jeroen Danon, Jacob Hastrup, Ferdinand Kuemmeth y Morten Kjaergaard.
Fuentes