Hay una escena poco conocida en el mapa científico argentino: en el Centro Atómico Bariloche, el mismo organismo estatal que administra las centrales nucleares de Atucha —la Comisión Nacional de Energía Atómica, CNEA— tiene un equipo trabajando, desde hace más de una década, en construir un procesador cuántico propio. No es un proyecto nuevo ni improvisado: es una de las pocas líneas de investigación en circuitos cuánticos superconductores que existen en Sudamérica, y en 2025 quedó, de casualidad, en el centro de la escena mundial.
Por qué el Nobel de Física 2025 los tocó de cerca
En octubre de 2025 la Academia Sueca premió a John Clarke, Michel Devoret y John Martinis por demostrar, por primera vez, que un circuito eléctrico completo —no solo una partícula aislada— puede comportarse según las reglas de la mecánica cuántica. Ese hallazgo, de los años 80, es la base técnica de la que hoy se alimentan IBM, Google y prácticamente toda la industria de computación cuántica superconductora.
Y es, también, exactamente el campo en el que trabaja el grupo de Bariloche. La CNEA empezó a estudiar teóricamente los qubits superconductores hace más de diez años, en el Grupo de Teoría de la Materia Condensada del Centro Atómico, con los físicos María José Sánchez y Daniel Domínguez —hoy gerente de Física de la institución— sentando las bases. El salto experimental llegó después, y hoy lo lidera Leandro Tosi, investigador del CONICET, al frente del Grupo de Circuitos Cuánticos Bariloche.
Qué están construyendo, exactamente
El proyecto se llama QUANTEC (Tecnologías Cuánticas) y su objetivo es desarrollar un procesador cuántico experimental usando qubits de tipo fluxonium, una arquitectura de circuito superconductor distinta a la que usan la mayoría de los gigantes tecnológicos (que suelen trabajar con transmones). Según explicó Tosi, el fluxonium ofrece ventajas concretas: mayor tiempo de coherencia —es decir, el qubit «aguanta» más tiempo antes de perder su estado cuántico—, operaciones más rápidas y mejor escalabilidad a futuro.
El equipo ya cuenta con un prototipo y se apresta a hacer las primeras mediciones. En paralelo corre un segundo proyecto, HYBRIDQC, que busca algo más ambicioso todavía: fabricar circuitos cuánticos híbridos combinando materiales superconductores con semiconductores, usando una sala limpia y un equipo de epitaxia por haces moleculares (MBE) que es único en el país, liderado por Leonardo Salazar y Hernán Pastoriza.
Y todo esto se conecta con un esfuerzo más amplio a nivel nacional: QUBIT.AR, un proyecto coordinado que reúne a investigadores del CONICET, la UBA, la Universidad Nacional de Córdoba, la UNSAM y el Instituto Balseiro, trabajando en simulación molecular, algoritmos de optimización y criptografía post-cuántica — el otro extremo de la cadena, donde la teoría se encuentra con posibles aplicaciones.
El frío extremo detrás de un qubit argentino
Trabajar con circuitos superconductores exige condiciones casi imposibles de imaginar fuera de un laboratorio: los circuitos deben operar cerca del cero absoluto. El grupo de Bariloche usa un criostato de dilución que enfría hasta 0,025 Kelvin —apenas 25 milésimas de grado por encima del cero absoluto—, una temperatura muchísimo más baja que la del espacio interestelar. A esa temperatura, los estados cuánticos sobreviven apenas milisegundos, pero es tiempo suficiente para ejecutar operaciones lógicas antes de que la decoherencia borre la información.
Es, dicho de otro modo, la misma clase de infraestructura de control ultra-especializada que usan IBM, Google o Amazon en sus centros cuánticos en la nube — solo que a escala de laboratorio de investigación, sin fines comerciales inmediatos, y con presupuesto de organismo público.
La ironía que nadie está contando
Acá está el dato que no suele aparecer en la cobertura: la CNEA es el mismo organismo que opera las centrales nucleares de Atucha I y Atucha II, y que además impulsa el desarrollo de reactores modulares pequeños en el país. Es decir, el ente estatal responsable de generar energía nuclear a escala industrial es, en simultáneo, uno de los pocos actores en Sudamérica desarrollando el hardware de la próxima revolución en cómputo. Dos tecnologías de frontera —fisión nuclear controlada y circuitos cuánticos superconductores— conviven bajo el mismo techo institucional, aunque casi nunca se mencionan juntas.
Mientras la conversación pública en Argentina sobre energía y tecnología está hoy monopolizada por los centros de datos de inteligencia artificial en Vaca Muerta y la expansión nuclear justificada por esa demanda, el trabajo silencioso que se hace en Bariloche —sin pedir MW, sin RIGI, sin anuncios de miles de millones de dólares— es el que eventualmente podría poner a Argentina en el mapa de países con capacidad propia de diseño de hardware cuántico. Todavía es investigación de laboratorio, no un producto. Pero es, literalmente, donde empieza todo.
Fuentes: Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) / Argentina.gob.ar; declaraciones de Leandro Tosi (CONICET); Real Academia Sueca de Ciencias, Premio Nobel de Física 2025.