La viroterapia oncolítica representa una de las estrategias más sofisticadas dentro de la inmunooncología contemporánea. Consiste en el uso de virus modificados genéticamente para infectar, replicarse y destruir selectivamente células tumorales, al tiempo que inducen una respuesta inmune antitumoral sistémica. En los últimos años, Argentina ha emergido como un actor relevante en este campo a partir del desarrollo de plataformas virales innovadoras, destacándose el caso de Unleash Immuno Oncolytics, fundada por el científico Daniel Katzman, cuyo trabajo se basa en décadas de investigación previa en instituciones como la Fundación Instituto Leloir y el CONICET.
Desde el punto de vista molecular, los virus oncolíticos se diseñan para explotar vulnerabilidades específicas de las células tumorales, tales como defectos en las vías de respuesta antiviral, alteraciones en los mecanismos de control del ciclo celular o la sobreexpresión de receptores de superficie. Los vectores más comúnmente utilizados incluyen adenovirus, virus del herpes simple (HSV), reovirus y vaccinia, los cuales son modificados mediante ingeniería genética para restringir su tropismo a células malignas. Estas modificaciones pueden implicar la deleción de genes virales esenciales para la replicación en células normales, o la inserción de promotores específicos activos únicamente en el contexto tumoral. En el caso de los desarrollos argentinos, gran parte de la investigación ha girado en torno a adenovirus recombinantes capaces de replicarse preferentemente en células cancerígenas, optimizando así el índice terapéutico.
El mecanismo de acción de estos virus es multifactorial. En primer lugar, la infección selectiva permite que el virus ingrese a la célula tumoral mediante interacciones con receptores específicos. Una vez dentro, el virus utiliza la maquinaria celular para replicarse, acumulando partículas virales hasta provocar la lisis celular. Este proceso libera nuevas unidades virales que pueden infectar células tumorales adyacentes, generando un efecto de amplificación local. Sin embargo, el aspecto más relevante desde el punto de vista clínico es la inducción de inmunidad antitumoral. La lisis celular libera antígenos tumorales junto con señales de peligro (DAMPs y PAMPs), lo que promueve la activación de células dendríticas y la presentación antigénica a linfocitos T. De este modo, se desencadena una respuesta inmune adaptativa capaz de reconocer y atacar células tumorales incluso en sitios distantes, fenómeno conocido como efecto abscopal.
Los desarrollos liderados por el investigador Osvaldo Podhajcer han sido particularmente influyentes en este campo. Su equipo logró diseñar virus oncolíticos con capacidad no solo de destruir células tumorales, sino también de modular el microambiente tumoral, un componente clave en la progresión del cáncer. El microambiente tumoral suele caracterizarse por inmunosupresión, hipoxia y una matriz extracelular densa que dificulta la penetración de terapias. Los virus diseñados en estos proyectos incorporan estrategias para revertir estas condiciones, incluyendo la expresión de citoquinas proinflamatorias o enzimas que degradan la matriz extracelular, mejorando así la infiltración de células inmunes.
El paso desde la investigación básica hacia la aplicación clínica ha sido facilitado por la transferencia tecnológica hacia empresas como Unleash Immuno Oncolytics. Esta compañía logró estructurar una plataforma basada en virus oncolíticos que posteriormente fue licenciada a la empresa estadounidense TransCode Therapeutics, lo que constituye un ejemplo significativo de valorización de ciencia desarrollada en América Latina. Este tipo de acuerdos permite escalar la investigación hacia fases clínicas, donde se evalúan parámetros críticos como seguridad, biodistribución, dosis óptima y eficacia terapéutica en humanos.
A nivel global, la viroterapia oncolítica ya ha alcanzado hitos regulatorios importantes. El caso más emblemático es el de T-VEC (talimogene laherparepvec), un virus del herpes simple modificado aprobado para el tratamiento de melanoma avanzado. Este antecedente valida el concepto terapéutico, aunque también evidencia las limitaciones actuales. Entre los principales desafíos se encuentran la neutralización del virus por el sistema inmune antes de alcanzar el tumor, la heterogeneidad tumoral que limita la eficacia en distintos tipos de cáncer y la necesidad de combinar estas terapias con otras modalidades, como inhibidores de puntos de control inmunológico.
En el contexto argentino, investigaciones adicionales han explorado el uso de virus derivados de adenovirus para tratar cáncer colorrectal, incluyendo variantes resistentes a quimioterapia. Estos estudios sugieren que los virus oncolíticos pueden ser particularmente útiles en tumores refractarios, donde las opciones terapéuticas convencionales son limitadas. Asimismo, se ha observado que la combinación con inmunoterapias puede potenciar significativamente la respuesta, lo que posiciona a los virus oncolíticos como componentes de estrategias terapéuticas multimodales.
Desde una perspectiva regulatoria y translacional, el desarrollo de estas terapias enfrenta múltiples desafíos. Los ensayos clínicos deben demostrar no solo eficacia, sino también un perfil de seguridad adecuado, especialmente considerando que se trata de agentes replicativos. Además, la producción a escala industrial requiere cumplir con estándares estrictos de calidad y bioseguridad. En este sentido, la colaboración internacional resulta fundamental para avanzar hacia la aprobación regulatoria en mercados como Estados Unidos y Europa.
En términos de proyección, se estima que varios candidatos basados en virus oncolíticos podrían alcanzar fases clínicas avanzadas en los próximos años, aunque el proceso completo hasta su aprobación puede extenderse más allá de una década. No obstante, el potencial disruptivo de esta tecnología es considerable. A diferencia de la quimioterapia tradicional, que afecta tanto células sanas como malignas, los virus oncolíticos ofrecen un enfoque altamente selectivo, con la capacidad adicional de transformar tumores inmunológicamente “fríos” en “calientes”, es decir, susceptibles a ser atacados por el sistema inmune.
En conclusión, el desarrollo de virus que “cazan tumores” constituye una convergencia entre biología molecular, ingeniería genética e inmunología aplicada. Argentina ha logrado insertarse en este campo mediante contribuciones científicas de alto nivel y su posterior transferencia al sector productivo. Si bien aún se trata de una tecnología en desarrollo, su evolución podría redefinir el tratamiento del cáncer en las próximas décadas, especialmente en combinación con otras terapias avanzadas.
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