Cuando se habla de qué podría frenar el crecimiento de la computación cuántica, la conversación suele saltar directo a la energía. Pero según la investigación más reciente, el problema real —y ya no hipotético— está en otro lado: un puñado de materiales extremadamente escasos, geopolíticamente concentrados, y sin sustitutos simples, que hoy sostienen a toda la industria.
El helio-3: el caso más urgente
Es el material que más atención genera, y con razón. El helio-3 es el isótopo que hace posible la etapa final de enfriamiento de un criostato de dilución —el equipo que baja la temperatura de un procesador superconductor hasta los milikelvin necesarios para que funcione—. Su origen es extremadamente limitado: la mayor parte del suministro mundial proviene de la desintegración de tritio en el desmantelamiento de armas nucleares, un proceso controlado casi en su totalidad por los gobiernos de Estados Unidos y Rusia.
Los números concretos son elocuentes. El stock estadounidense ronda los 90.000 litros según documentos del Departamento de Energía —una mejora respecto a la crisis de 2010, cuando cayó a 50.000 litros—, pero un solo procesador cuántico a escala de millones de qubits, del tamaño que se necesitaría para una máquina verdaderamente útil, podría demandar decenas de miles de litros él solo. A esto se suma que buena parte del helio-4 industrial (el isótopo común, también usado en infraestructura criogénica) depende de pocos países productores, con Qatar representando más de un tercio del suministro mundial. El conflicto entre Estados Unidos e Irán a comienzos de 2026 ya generó shocks de precio y desabastecimiento que golpearon a toda la cadena de semiconductores y computación cuántica —una muestra concreta de qué tan frágil es esta dependencia.
Pero el helio-3 es solo la punta del iceberg
Un informe reciente sobre la cadena de suministro cuántica identificó una lista mucho más larga de materiales críticos, cada uno específico según el tipo de arquitectura de qubit que se use:
- Niobio: es, según varios estudios, el chokepoint más claro de toda la industria. Se usa para construir las uniones Josephson —las junturas superconductoras que forman la unidad operativa básica de la mayoría de las computadoras cuánticas líderes, incluidos los procesadores de IBM—. No existe un sustituto práctico que no implique una pérdida significativa de rendimiento, y una parte relevante de su cadena de suministro global (a través de operaciones mineras en Brasil e Indonesia) tiene participación accionaria china creciente.
- Tantalio: usado por Amazon en los osciladores de alta calidad de su chip Ocelot, y en general en películas delgadas depositadas sobre sustratos de zafiro o silicio de baja pérdida.
- Indio: Google lo usa en los conectores entre obleas de su chip Willow; Microsoft lo usa, en forma de arseniuro y fosfuro de indio, en su prototipo de qubit topológico.
- Silicio-28 isotópicamente puro: necesario para los qubits de espín basados en silicio, una arquitectura alternativa a la superconductora que depende de una pureza isotópica extremadamente difícil y costosa de lograr a escala.
- Elementos de tierras raras: neodimio y disprosio son centrales para los imanes y componentes electromagnéticos de precisión que usa buena parte del hardware cuántico —desde blindaje magnético hasta láseres y óptica de control—, y su producción está fuertemente concentrada en China, que además viene ajustando controles de exportación. Otros elementos como iterbio, erbio, europio e itrio son clave para tecnologías de memoria cuántica y comunicación cuántica de largo alcance.
- Níquel: identificado como otro chokepoint relevante, usado en blindaje magnético para proteger a los qubits de interferencias externas.
Por qué esto es distinto a una crisis de materiales «tradicional»
Lo que hace particular a este problema, según los propios investigadores que lo estudian, es la combinación entre volumen y especificidad: la computación cuántica necesita cantidades minúsculas de estos materiales —nada comparable, en toneladas, a lo que consume la industria automotriz o la de baterías—, pero cada uno es absolutamente irreemplazable para la función que cumple. Eso hace que las herramientas tradicionales de gestión de minerales críticos no sirvan bien acá: el Servicio Geológico de Estados Unidos publica una lista anual de 50 minerales críticos, y el Departamento de Defensa mantiene una reserva estratégica nacional (ahora ampliada bajo un programa llamado Project Vault), pero ambos instrumentos están diseñados en función de tonelaje e industrias masivas, no para materiales de bajo volumen y altísima especificidad como el helio-3, el silicio-28, isótopos de rubidio, o los materiales usados en detectores de fotón único superconductores (SNSPD).
Un estudio reciente directamente propuso crear un sistema de alerta temprana específico para la cadena de suministro cuántica, señalando que China viene ajustando de forma activa su control sobre minerales críticos que afectan directamente a esta industria.
El agua, el otro invitado inesperado
El tercer elemento que aparece en las advertencias más recientes es, sorprendentemente, el agua. La fabricación de chips cuánticos de alta pureza requiere procesos de limpieza extremadamente exigentes —similares en espíritu a los que usa la industria de semiconductores clásica—, con agua ultra-purificada en volúmenes que, a escala industrial y con sistemas tolerantes a fallas operando en paralelo con refrigeración intensiva, podrían convertirse en una demanda no trivial sobre recursos hídricos locales.
Qué significa esto en la práctica, hoy
Ninguno de estos materiales representa un problema inmediato para la escala actual de la industria —la misma razón por la que el consumo eléctrico de la QC todavía es marginal aplica acá: hoy existen apenas un puñado de computadoras cuánticas operativas en el mundo, y su demanda agregada de niobio, tantalio o helio-3 es pequeña comparada con otras industrias. El problema es de proyección: a medida que la industria avance hacia sistemas tolerantes a fallas —la próxima generación de hardware, que requeriría órdenes de magnitud más qubits físicos que los sistemas actuales—, cada uno de estos materiales pasa de ser una curiosidad técnica a un posible cuello de botella real, en una cadena de suministro que hoy está concentrada en muy pocos países y, en varios casos, sujeta a tensión geopolítica activa.
Es, en definitiva, un problema de anticipación: los materiales que van a definir si la computación cuántica puede escalar en la próxima década ya están identificados, ya se sabe de dónde vienen, y ya se sabe que ese origen es frágil. La pregunta abierta es si la industria y los gobiernos van a actuar sobre esa información con la misma urgencia con la que hoy se habla del consumo eléctrico de los datacenters de IA — o si va a ser, otra vez, un problema del que recién se hable en serio cuando ya sea escasez declarada.
Fuentes: The Quantum Insider; ResearchAndMarkets / ciencia de materiales cuánticos (informe 2027-2047); Futuremarkets Inc. (Global Quantum Computing Supply Chain 2026-2036); estudio sobre minerales críticos y resiliencia geoestratégica (arXiv); Departamento de Energía de EE.UU.
Nota publicada: agosto 2026.